palabras producto de la ociosidad

amor y sus demonios

AMOR, ADMIRACIÓN Y DEMÁS ENTUERTOS

Aproximadamente a las 2:00 pm hice referencia en tuiter a la dificultad que representa encontrar un hombre a quien se admire: “es más difícil encontrar un hombre al cual admirar que uno del cual enamorarse”.

Las respuestas que recibí inmeditamente me decían “¿qué admiración y amor no van juntos? ¿no se debe admirar primero antes de amar?”, lo cual me hizo ver que la idea fue tomada en otro sentido. Estoy firmemente convencida de que una de las bases del amor en pareja, ese amor que se disfruta, que perdura y evoluciona es la admiración.

En mis treinta y pico años -y a pesar de mi mariconez- me he enamorado hasta las chanclas de hombres buenos y regulares; me he visto en el penoso proceso de desenamorarme de ellos, todos tienen su lugar en mi vida y su paso por ella ha servido para conformar la persona que soy hoy. Sin embargo, ninguno de esos amores se basó en una gran admiración. Me imagino que éso marcaba su fecha de caducidad.

No soy la única con ese sentir, hace varios meses, en esas interminables pláticas de hombres, relaciones y demás que tanto nos gustan a las mujeres; una amiga y yo nos hicimos mutuamente una pregunta: ¿quien ha sido el último hombre -no tu papá-  que has  admirado? Respuesta: cri cri, cri cri…

Ahora bien, si preguntamos ¿quién ha sido el último hombre del que te enamoraste?; en lugar del cantar de grillos obtendríamos un nombre en concreto. He ahí la diferencia.

 

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BRIDEZILLA UNLEASHED

Bridezilla:  del inglés bride (novia) y godzilla

Me declaro sin vergüenza alguna  fan de las bodas. Vanidosa como soy, me fascina la idea de ir a producirme con maquillaje y peinados que jamás lograría por mí misma y la simple idea de ponerme un vestido y tacones me hace sentir como princesa de cuento. Éso sin tomar en cuenta el hecho de que una boda te permite bailar, tragar y beber hasta horas que no son de dios completamente gratis (las bodas son el clímax de la gorronería). Dicha afición me ha despojado de toda pena, como aquella vez en la cual prácticamente me colé a una boda como acompañante de una amiga y terminé bailando con el papá de la novia. Pero esta entrada no es para hablar de mi desfachatez , sino para narrar el infernal proceso que sucede tras bambalinas desde meses antes de la ceremonia: la metamorfosis de la radiante novia en Bridezilla.

La transformación  se inicia en el momento de entrega de “EL ANILLO”. Con esa simple acción, el novio ingenuamente ha desencadenado una serie de procesos mentales en la cabeza de su amada, los cuales la harán desear organizar una bacanal para 500 gorrones donde abunden los detalles en un color tan específico e imposible como el “morado flor de jacaranda”, porque no está choteado. De igual forma, el novio ignora que dichos caprichos tendrán como resultado que él, sus padres y sus futuros suegros entren a lucrativos y cuestionables negocios como la trata o la venta de órganos por internet durante los próximos diez años, todo con la noble finalidad de poder pagar los gustos de la señorita.

A lo largo de mi vida he tenido dos encuentros con Bridezillas dignas de colección. El primero hace dos años cuando mi hermano se casó y el segundo justamente ahora, cortesía de mi hermana. Hace aproximadamente un mes, la señorita y su flamante novio decidieron que estaban hechos el uno para el otro, que querían unirse forever and ever, en la salud y en la enfermedad y bajo todas las leyes. Dicha decisión me llenó de gusto porque se trata de mi hermana, la quiero y me hace feliz verla feliz; peeeeeeero, los detalles que se le han ocurrido me hacen decir “omaigad, ar yu creizy?”

Gracias al alboroto y emoción que genera una boda, mucha gente ha tenido la candidez y amabilidad de decirle “¿Cuántas veces te vas a casar? aunque te divorciaras y te casaras de nuevo, nunca será como la primera vez”. Y ésta, señoras y señores, es la frase que alimenta a Bridezilla, le da fuerza y la hace creer que se apellida Rockefeller y consta de presupuesto ilimitado. Es la frase que la hace contratar un  “decorador/wedding planner” quien -como cobra un porcentaje del gasto total de la fiesta- le presenta las opciones  más caras bajo la premisa de que son “las más originales y así tu boda va a ser única, mi reina”.

Es el motor detrás de la idea “quiero un vestido Rosa Clará ¿saldrá muy caro?” (noooooo guey, solamente unos 3,000 euros). Es la semilla a partir de la cual germina la necesidad de una carpa que rivalizaría con la de Darío el Grande y donde  se podrían colgar hasta cadáveres de ser necesario. Es la razón de querer conseguir a como dé lugar una alfombra blanca para el pasillo de la iglesia. Esa frase es, simple y sencillamente, el origen de la locura.

Claro que yo, en mi papel de hermana lo único que hago es escuchar los cada vez más elevados requerimientos y ser prudente, pero en mi interior no dejo de pensar qué haría yo en su lugar ¿me transformaría también? Nunca debes decir nunca, pero sinceramente no creo que eso suceda. Actualmente me encuentro en una situación de vida en la cual -si bien la idea de ser la protagonista de una pachanga me agrada bastante-, me emociona más la idea de una pareja. Una pareja con quien disfrutar, compartir y amar. Una pareja que despierte en mí no sólo amor, sino admiración, respeto y complicidad. Con quien vivir las alegrías, tristezas y desacuerdos que vienen implícitos en la cotidaneidad. Alguien con quien se pueda sostener una discusión adulta e  inteligente, que con su madurez me haga querer superar mi inmadurez. Que nos sorprendamos mutuamente a pesar del tiempo juntos y esa misma sorpresa nos convierta en mejores personas.

Me parece que para ello no se necesitan grandes celebraciones ni papeles. Mucho menos transforrmarme en Bridezilla.


NO PASA NADA

“… hay que apostarse pa’ hacerse fuerte…”

Así resumo el consejo que le he dado a mi hijo. Inclusive imprimí la letra canción que me inspiró y se la dí para que la tenga siempre presente. Lo que no sabe es que tal vez yo la necesite más que él.

“Me parece increíble que habiendo crecido con dos mujeres con tantos huevos, estés muerto de miedo ante una pendejada” He dicho, y al pobre no le ha quedado otro remedio que asentir y darme la razón. Claro, él no sabe que irónicamente, mientras aconsejo que no tema y aprenda a enfrentarse a los conflictos;  me muero de miedo ante la  idea de enamorarme…

Así es, la sola idea de interesarme por un hombre me mata del miedo. Me hace sentir completamente vulnerable. Me devuelve inmediatamente a los 16 años, cuando me enamoré por primera vez y a pesar de los casi 20 años que han pasado, lo vivido, lo gozado, lo ganado y lo aprendido; sigo teniendo miedo.

Un miedo muy blandengue y con muy pocos huevos, la verdad. Si fuera más fuerte habría evitado que me enamorara durante todo este tiempo y me habría ahorrado desde el hijo hasta dos que tres putazos, pero el tema no es ése. Lo que preocupa es el poco valor y la poca decisión que tengo de enfrentarme a él. Debería saber ya que una decepción amorosa no me va a matar –evidentemente, sigo aquí-. Debería tener asimilado ya que a pesar de lo poco o mucho que dure, a la larga deja un buen sabor de boca y lo bailado, la emoción, las mariposas en el estómago, el brillo en la mirada… todo éso, nadie te lo quita.

Es más, al final del día deja un recuento positivo.

Peeeero… no lo hago. Mi falta de coraje para enfrentarme a tal miedo me ha otorgado como premio dos que tres hombres incorrectos, sosos y poco interesantes, pero al mismo tiempo, poco peligrosos. De antemano sé que es prácticamente imposible interesarme, mucho más enamorarme de ellos. Juego en safe.

Otra habilidad que he desarrollado a la par de saber detectar hombres insulsos, es la de  la huída. Soy experta en huidas. Si mi radar se equivocó con algún hombre y con el correr del tiempo y la convivencia comienzo a ver que siempre sí resulta interesante, que algo muy profundo en mi interior comienza a hacer “tilín, tilín” cuando estoy con él… bueno, es momento de aplicar la de Houdini y desaparecer. Más vale que digan aquí corrió que aquí quedó.

Soy una maricona, lo acepto. No puede ser posible que viva negándome a sentir, cuidándome de no sufrir y queriendo tener siempre el control. Pero me aterra. Me da muchísimo miedo volver a encontrarme en esa situación de desconsuelo, de tristeza, de soledad aplastante. Sufrir una vez más la pérdida, regresar a recoger mis pedazos y reconstruirme. Transitar el proceso de duelo, visitar uno a uno los recuerdos, los momentos vividos, las palabras que se dijeron, los lugares comunes.

Hacer este recuento mientras sientes que el corazón se encoge, el tiempo se detiene y la vida transcurre para todos excepto para ti.

“No tengas miedo de sentirte viva” me dijeron una vez.

Cobardemente, lo tengo.

Creo que debo escuchar con más frecuencia esa canción.

mayo 2010

NUNCA PASA NADA

Va todo suave, más o menos se da…el tiempo dirá..

No te hagas el duro, que algo pasa seguro

te buscas y no te encuentras….

Escúchame bien hermano lobo

si soy amigo lo soy siempre y en todo

mitad locos, tal vez normales

e historias casi iguales…

Hay que perderse en la noche

ver como todo se rompe

que aquí no hay ni canalla ni profeta

duramos lo que un cometa…

Y luego en manada y todo en calma

con una dosis de angustia en el alma

hoy con un canto más fiero

nos comeremos el mundo entero….

Hay que jugarse la suerte.

Hay que apostarse pa’ hacerse fuerte

volar aunque te partan las alas

que nunca pasa nada…

Si cuentas cuatro se va…

do re mi fa…se fue…se va…

esta vida va que vuela…


LIBERTAD QUE DA MIEDO

Escrito mientras me reponía de una ruptura amorosa

Hoy es uno de ésos días en los cuales se amanece harto de todo y de todos… no sé, probablemente sea la gripa que me está llegando lo que me hace sentir así.

Lo cierto es que ha sido un día largo y difícil. Difícil de digerir, difícil de navegar con lo cotidiano. ¿Por qué no podrá ser todo más sencillo? Llena de cuestionamiento, dudas y alguno que otro miedo, que inclusive ahora, tras haber pasado tanto, vuelven como nubecitas a ensombrecer mis días. ¿Cuándo, cuándo llegará el día en que pueda dejarlos ir por siempre y para siempre? Una simple gripa y se aparecen de nuevo ¡¡¡Demonios!!! ¿Por qué no se largan de una vez? ¿No existirá por ahí alguna poción mágica que los borre del todo?

Tanto para dar, tanto que ofrecer y no tengo a quién. Además me cuesta dejarlo ir. Quiero y tengo miedo al mismo tiempo. Quiero tantas cosas, tan sencillas y por primera vez en mi vida; bien definidas. ¿Por qué no llegan? ¿Por qué las atoro en mis pensamientos?

¿De dónde demonios viene ese bloqueo? ¿Por qué tanto cuestionamiento? Antes era más impulsiva, menos temerosa. Me dí mis golpes, es cierto, pero al menos no me quedé con las ganas. ¿Y ahora? ¿Pienso quedarme con las ganas? ¿Dejar ir a las oportunidades/personas que quiero?

Entonces, ¿por qué no dar rienda suelta a mis impulsos? “Usa tu intuición”, me han dicho; “ve con los ojos del corazón”… Pero la cabeza sigue metida y no sé si es para bien o para mal… Debería ser más espontánea, dejarme llevar, preocuparme menos por las cosas que no puedo controlar.

Debo dejarme en libertad. He avanzado tanto y aún así me mantengo amarrada ¿A qué? No lo sé… prejuicios, malas experiencias en el pasado… no lo sé. Pero debo dejarme en libertad ¿Por qué no intentar ser más libre?

Probablemente éso me ayude a lograr lo que quiero y me evite días como éste…

Abril 2008